Desde la antigüedad, Platón ya consideraba que la música era capaz de restablecer la armonía entre el alma y el cuerpo. La Musicoterapia nos posibilita tener una visión más amplia de la música, más sentida y más vivida donde el eje central es la persona, y la música se presenta como un camino para restaurar, mantener y mejorar el bienestar personal y nuestra calidad de vida, a partir de identificar y valorar las propias capacidades motivacionales, intereses y necesidades de cada uno/a, dándonos una respuesta adaptada y aportándonos la ayuda y reconocimiento que podamos requerir.

La Musicoterapia utiliza la música más como un medio, que como un fin en sí misma, los elementos de la música toman una nueva dimensión, dejan de ser elementos como tales para adquirir entidad propia con una función determinada, se convierten en recursos por sí mismos, con el fin de conseguir los objetivos terapéuticos propuestos a partir de la intervención terapéutica de la música (Musicoterapia) y permitir el crecimiento y enriquecimiento personal haciendo un trabajo integral de la persona a nivel físico, cognitivo, emocional y social.

La música posee cualidades no verbales, creativas, estructurales y emocionales que facilitan el contacte, la interacción, la consciencia de uno/a mismo/a, el aprendizaje, la mobilidad, la organización, la expresión, el desarrollo personal y la comunicación en una relación terapéutica. También es eficaz para crear un ambiente tranquilizador para favorecer el equilibrio de los diferentes aspectos de la persona.

Está dirigida a todas aquellas personas que deseen acercarse a conocer más a fondo las posibilidades de la música dentro de un proceso terapéutico y experimentar su influencia en la mejora del bienestar personal a partir de la vivencia personal.

Dirigido a colectivos de aplicación en retraso mental, niños con discapacidades, TDHA (trastorno de déficit de atención e hiperactividad), trastornos de conducta, trastornos del lenguaje,  de aprendizaje y psicomotriz, dislexia, trastornos de ansiedad, trastornos generalizados del desarrollo (autismo, asperger), síndrome de Williams, síndrome de Down, etc.

 

Las sesiones pueden ser a nivel individual o de grupo, una vez por semana, con una duración de entre 30 y 60 minutos, que variará en relación a las diferentes patologías,  edad y las necesidades de cada persona. Está abierta a todas las edades.