Muchas personas se preguntan si mindfulness y meditación son lo mismo. Ciertamente tienden a solaparse en algunos aspectos, pero mientras que, por regla general, las diferentes formas de meditación suponen un ejercicio de interiorización y concentración, que suele reportar un efecto sedante, los ejercicios de mindfulness están más enfocados a la atención, percepción y aceptación del momento de forma abierta y carente de juicio, y su efecto suele ser energizante para los que lo practican. Podríamos decir que son actividades complementarias al servicio de la consciencia. Una, la meditación, más enfocada hacia dentro, otra, el mindfulness, hacia fuera.

El mindfulness o atención plena, como se llama en castellano, se fundamenta en la capacidad de prestar atención con máxima intensidad a cada momento. Ha hecho fortuna como método para afrontar el estrés, un uso que queda lejos de auténtico potencial de las técnicas de la conciencia que están al servicio de un desarrollo integral del ser humano. Los programas de atención plena se han aplicado a población normal y enferma, incluyendo niños, estudiantes, ejecutivos, embarazadas …. Como programa de reducción del estrés se ha incorporado a la Medicina integrativa, y se considera un recurso inestimable en nuestro acelerado mundo actual. Los trabajos pionero de Jon Kabat-Zinn sobre pacientes y personal sanitario consiguieron dotar a la técnica de un respaldo científico, al demostrar su efecto beneficioso en el cuerpo y la mente.

Así, un curso de 8 semanas consigue disminuir la ansiedad y las emociones negativas, aumentar la actividad en el polo frontal del hemisferio izquierdo del cerebro e incluso mejorar numerosos parámetros del sistema inmunitario. Igualmente, logra disminuir el dolor crónico entre un 50 y un 65%, a través de la modificación del umbral del dolor y la incorporación de un grado superior de conciencia que permite discernir entre dolor y sufrimiento, lo cual queda muy por encima de la eficacia de cualquier tipo de analgésico de uso común. Y lo mismo podríamos decir cuando la técnica es practicada por estudiantes o ejecutivos que buscan aumentar su rendimiento cognitivo y disminuir el estrés, pacientes con psoriasis, cáncer, enfermedades cardíacas o personas con síntomas de ansiedad o depresión. En todos estos casos, la técnica dota al individuo de un equilibrio emocional y claridad mental al mejorar los parámetros fisiológicos del cuerpo, la inmunidad y el sueno, una forma realmente eficaz de que la persona haga uso de sus propias capacidades, habitualmente utilizadas muy por debajo de lo que su propio sistema le ofrece.

La atención plena, vivir aquí y ahora, sin juicios, sin culpas, sin miedos … puede parecer fácil, pero no lo es, porque vivimos en automático, porque hemos ejercitado unas funciones a través de la educación cultural, social, familiar, que establecen un patrón predeterminado de conciencia; y porque no tenemos la capacidad de desidentificarnos de percepciones y emociones que nos arrastran como una corriente imparable.Todos lo sabemos. Pero hay niños, embarazadas, ancianos, enfermos, estudiantes, ejecutivos ansiosos y padres desesperados que lo han conseguido. Y la clave no ha sido la racionalización o intelectualización de las dificultades de la vida, sino rendirse al momento. No luchar. No resistirse.Dar un paso atrás, desidentificarse del dolor, del problema y del ego … y observar el monstruo desde fuera. Encontrar el coraje suficiente para que, con curiosidad y aceptación, brote de forma espontánea, apenas sin buscarla, desde la receptividad y no desde el esfuerzo, la emoción plena y profunda de la compasión. Un mirar, sentir y pensar desde el corazón, en el que todo, TODO, sea lo que sea que nos ocupa, ocupe el lugar que le corresponde y así se aceptado. El aroma del café por la mañana, ese rayo de sol, el grito del niño, el frío en las manos o en la cara, la ausencia del ser querido… Abrirse al gozo y no huir del dolor. Permanecer ante el monstruo, desnudo, sin protegerse ni luchar. Sin resistirse. Rendirse y aceptar. Así vista, la práctica de la atención plena no es una meditación al uso,sino una forma de vida. Presente en cada instante.

Una buena forma de anclar la mente en el presente es a través de la postura y la consciencia corporal. Cuando me acuesto y cuando me levanto. Cuando paseo, en la ducha, cuando como, cuando friego los platos. No hay algo mejor o peor que lo otro: solo aquí y ahora. Por supuesto que desde el punto de vista técnico hay una serie de apoyos. La respiración, la exploración del cuerpo y la consciencia corporal, la observación de las emociones … Si todo esto te resulta ajeno y deseas profundizar en la atención plena, entonces busca ayuda en tu entorno. Pero si te pones en marcha desde este mismo momento, tu parte ya estará hecha: no lo pienses, siéntelo, práctica: aquí y ahora. ¡Ahora! *