La maternidad y la paternidad son uno de los procesos que con mayor intensidad hacen sentirse plenos a los seres humanos. Poner consciencia en este proceso supone una preparación física, emocional y espiritual de la pareja que desea unirse para generar una nueva  vida. Desde el inicio una fecundación consciente quedará grabada en el mapa vital del nuevo ser, que le acompañará desde ese mismo momento mágico de la unión de los gametos. Es entonces cuando se produce el acoplamiento de material genético que determinará las bases de las características físicas, psicológicas, capacidades y vulnerabilidades de la persona a lo largo del resto de la gestación y de toda su vida por venir. Apenas han pasado unos minutos, pero en ellos emerge el fruto del injerto de toda la andadura vital de sus padres, las características genéticas heredadas y el sentido profundo de la vida y su significado formando un nuevo eslabón de la cadena ancestral.

Durante el embarazo, un acontecimiento natural y feliz, obviamente no una enfermedad, especialmente la madre, pero también el padre, interactúan con el embrión y el feto en desarrollo estimulando desde esos momentos tan precoces la capacidad epigenética de desarrollo y expresión del material genético heredado. La dieta, el ejercicio físico, el estado emocional y de consciencia van quedando grabados a lo largo de toda la gestación en el proceso de formación e información del futuro bebé.

No en vano el medio de comunicación de la madre con el ser que lleva en sus entrañas se produce a través de la comunicación placentaria y así tanto a nivel molecular, como emocional, la adrenalina de la madre y sus hormonas del estrés o la serotonina y la paz o la oxitocina y el amor que genera serán los sustratos sobre los que se desarrollará el tallo cerebral del embrión, el sistema límbico emocional del feto, la futura corteza cerebral y la capacidad cognitiva del nuevo ser.

Desde muy pronto la posibilidad de comunicación a través de los sentidos es una realidad que puede ser vivida de forma consciente o inconsciente, pero que está presente de forma invariable, constituyendo un elemento de primer orden en la calidad del embarazo para la madre y su retoño. Es ese el momento en que se está determinando ya la probabilidad de una depresión posparto en la madre, de un síndrome de hiperactividad en el niño o de una familia compacta o dispersa en la esfera emocional.

El parto, la culminación de la gestación, constituye o así debería ser, una extraordinaria experiencia de humanidad y la vivencia de un estado único transpersonal.  Con el tiempo este acontecimiento natural ha ido siendo medicalizado progresivamente en el mundo occidental. La busca de las cotas más bajas posibles de mortalidad infantil, junto a la comodidad de las madres y también del equipo sanitario que las atiende, han dado paso en la actualidad a un número creciente de expertos, profesionales y madres que coinciden en invitar a la reflexión de hasta dónde la tecnología borra con el codo lo que escribe la delicada mano de la naturaleza, y así en la actualidad los partos más intervenidos son precisamente los que sufren mayores consecuencias para la salud y procesos de recuperación más prolongados. Una intensa medicalización del parto, el uso y abuso de las episiotomías (en España un 42% de los partos, recomendado un 15%), un número no justificado de cesáreas, la alteración del proceso natural del parto con oxitocina (actualmente un 53%, aconsejado en no más del 10%) y muchas manipulaciones más han ido haciendo del proceso normal del parto una cada vez más tecnificada y protocolizada prueba por la que parece inevitable pasar.

El nacimiento es un momento muy especial en la vida de la persona y de los padres. Uno de esos momentos más humanos, profundos y trascendentes que quedan grabados para siempre tanto en la memoria de los mayores como en los tejidos y la mente del recién nacido para toda la vida. ¿Y si nos atreviésemos a hacer una nueva lectura de la gestación y el parto, de todo el proceso de maternidad consciente a la luz de los conocimientos actuales? ¿Y si utilizásemos de forma racional y humanizada la técnica al servicio de la persona, y no la persona, la madre y su niño, al servicio del protocolo? ¿Podríamos optimizar los recursos disponibles que la ciencia y el conocimiento ponen a nuestra disposición, sin renunciar a ninguno de ellos, pero dispuestos al servicio de la persona, su humanidad y su consciencia?

Tratar de dar respuestas a estas preguntas es el reto del equipo de la Unidad de Maternidad Consciente y Parto Natural del centro Arjuna, en Tortosa. Os invitamos a una reflexión tranquila y serena acerca de la maternidad consciente, desde antes del comienzo de la gestación, el momento mágico de la fecundación y el mundo de la sexualidad plena, cada uno de los trimestres y momentos clave del embarazo, el parto natural y los primeros momentos de la vida del recién nacido. Para ello, este grupo de profesionales al servicio de la humanización de la maternidad, proponemos una serie de pautas, con seguridad mejorables y susceptibles de revisión en el futuro que pretenden llamar la atención en el sentido de la humanización y de la consciencia de este maravilloso proceso que constituye la maternidad y paternidad conscientes.