Tomás Álvaro. Médico y psicólogo. Krisis. Ed. La llave, 2009.

Psiconeuroinmunología

La psico-neuro-inmunología (PNI) se encarga del estudio de la autorregulación psicofisiológica del organismo y de los mecanismos de interacción entre la mente y los sistemas responsables de mantener la homeostasis: el sistema nervioso, el inmune y el endocrino. Esta comunicación utiliza un lenguaje bioquímico a través de mediadores como hormonas, neurotransmisores y citoquinas. Existen múltiples evidencias del impacto de las intervenciones psicológicas sobre estados fisiológicos o diferentes enfermedades, así como del efecto del stress sobre el sistema inmune. Tanto el stress como la depresión se han asociado a defectos en la reparación del DNA dañado y a alteraciones en la apoptosis, que constituyen mecanismos básicos de patogénesis en cáncer y en enfermedades autoinmunes. También existen indicios de que la manera de afrontar el stress, el estado anímico y la intervención psicológica, inciden de forma directa sobre la evolución y la supervivencia de pacientes con enfermedades graves, como SIDA, mujeres con neoplasias de mama o riesgo de enfermedad cardiovascular.

El área de conocimiento que utiliza este enfoque, la PNI, arranca de la década de los 50 y representa una ciencia transdisciplinar que investiga las interacciones entre el cerebro (mente/conducta) y el sistema inmune. Robert Ader (Ader R, et al., 1975), alimentó a ratas con agua con azúcar a la vez que un producto químico inhibidor del sistema inmune. Tras repetir esto durante un tiempo, la simple ingestión de agua azucarada sin fármaco alguno produjo igualmente la supresión de clones linfocíticos. El organismo había asociado ambas cosas y ofrecía la misma respuesta aún en ausencia del fármaco. De la misma manera, un lugar o una situación cualesquiera asociadas a un estímulo particular, son capaces de evocar este último en ausencia del mismo.

Los datos disponibles en el hombre indican que la supresión de la actividad de linfocitos y monocitos en respuesta al estrés puede ser responsable de la exacerbación de diversas enfermedades (Rodado J, et al, 2001). Se sabe que durante y después de la deprivación del sueño los sujetos exhiben una respuesta disminuida a la estimulación por fito-hemaglutininas de los linfocitos T; el estrés de prepararse y someterse a un examen deprime la función linfocitaria y de células NK; estímulos psicológicos adversos influyen sobre la tasa de desarrollo tumoral, y los estresores agudos producen el mismo efecto en animales de forma experimental.

La posibilidad de que mecanismos de tipo psicológico pudieran ser capaces de afectar los procesos de reparación o destrucción del ADN dañado ha sido investigada en personas con enfermedades psiquiátricas y controles (Kiecolt 1985). El resultado de estas investigaciones ha mostrado un menor índice de reparación del DNA dañado en pacientes psiquiátricos. Pero curiosamente, lo contrario ocurre en sujetos sanos, como estudiantes de medicina sometidos al estrés de un examen, en los que la capacidad de reparación del DNA aumenta con el estrés (Cohen L, et al, 2000).

Existen modificaciones neuroendocrinas durante estados afectivos de diversa índole (Codispoti M, et al, 2003), con una respuesta selectiva ante estímulos agradables o desagradables. Se conocen correlatos entre las emociones y estados fisiológicos así como con el sistema inmune, tanto en condiciones normales como patológicas (Guilbaud O, et al, 2003). Los síntomas depresivos están asociados a respuestas inflamatorias prolongadas (Glaser R, 2003) y hasta el estado civil parece llevar parejo determinado estado fisiológico, afectando a los sistemas cardiovascular, endocrino e inmune (Robles TF, et al, 2003). Es decir, que diversos factores productores de stress son capaces de afectar cuantitativa y cualitativamente el funcionamiento del sistema inmune (Glaser R, 2005).

Varias líneas de investigación sugieren que factores psicológicos y estilos emocionales de afrontamiento inciden sobre la progresión del cáncer. Dicho efecto ha sido relacionado especialmente con la función de las células asesinas (“natural killer”, NK), directamente relacionadas con los cambios del sistema inmune inducidos por el stress. Y, a la inversa, los programas de psicoterapia son capaces de incidir sobre la función endocrina e inmune de pacientes con cáncer, afectando los niveles de cortisol, prolactina, células NK, CD4 y CD8 de forma beneficiosa en la evolución de la enfermedad (van der Pompe G, et al, 2001). También existen claras evidencias de los beneficios inmunológicos de la aplicación de CAM (Goldrosen MH et al, 2004).

El conocimiento y la difusión de todos estos y muchos más datos disponibles hoy, debería ser suficiente para situar exactamente en el nivel de importancia que le corresponde los aspectos mentales, emocionales y relacionales, tanto del propio paciente como de la relación terapéutica y diagnóstica desarrollada por cualquier tipo de sistema médico. Ello constituye una pieza clave en la mejor comprensión entre diferentes visiones de la Medicina, un auténtico salto cuántico en la relación médico-paciente y una base fundamental e insoslayable en la resolución de la actual crisis de la profesión médica. Lejos de ser negativa, quizás la crisis sea necesaria. Supone una fase que conduce a un proceso emergente de cambio, en el que no solo basta saber de donde se viene, sino que aún más importante es saber a dónde se va. El mensaje pudiera ser que el médico que no sepa de psicología, y de cómo el pensamiento y la emoción influyen sobre la marea cuántica del organismo, no estén tratando de verdad a un ser humano completo.

El efecto placebo

La respuesta al placebo incluye desde la secreción de dopamina en enfermos de Parkinson hasta la secreción por el cerebro de opioides endógenos (Benedetti F et al, 2007; Wager TD et al, 2007). Los placebos son sustancias inactivas, falsos procedimientos, instrumentos, aparatos, dispositivos o simplemente el encuentro terapéutico (el famoso “efecto bata blanca”). El efecto placebo consiste en beneficios físicos o cambios psicológicos para el paciente. La respuesta placebo está ligada a la fisiología de la expectancia, tanto en el caso de funciones fisiológicas inconscientes (una secreción hormonal) como en el caso de procesos fisiológicos conscientes (el dolor). En el primer caso el mecanismo es el del condicionamiento, en el segundo el de la expectativa.

Los estudios sobre el efecto placebo conducen directamente hacia los mecanismos por los que la mente tiene efecto sobre el cuerpo. Esto ocurre a muchos niveles: moléculas, células y órganos a través de pensamientos, emociones, expectativas e interacciones. Hasta el momento sabemos que el efecto placebo puede relacionarse con las expectativas de los pacientes y la información que se les provee, y que sus consecuencias no solo pueden ser positivas, sino que también pueden tener un fuerte efecto negativo a nivel físico y psicológico, el llamado efecto nocebo. Entre las múltiples y variadas formas de incrementar la respuesta curativa al efecto placebo se encuentra el uso de locales más o menos apropiados; la apariencia, el tamaño o el color de un medicamento; la vía de administración; la administración de la terapia de manera cordial y amable; la confianza y credibilidad del terapeuta; las creencias; la novedad; el nombre del producto; la información; las expectativas, el contexto; la relajación, etc.; una revisión de los cuales puede encontrarse en Walach H et al, 2004.

Un término en uso creciente es el de resiliencia. En ingeniería, resiliencia es la cantidad de energía sin absorber que puede devolver un material elástico; en ecología se refiere a la capacidad de las comunidades de soportar perturbaciones y en psicología se refiere no sólo a la capacidad de las personas o grupos para sobreponerse a tragedias o dolor emocional, sino también a su aptitud para continuar con su proyecto de futuro aun durante la época adversa. En nuestro contexto, el mecanismo de resiliencia se basa en la habilidad de las personas para movilizar una respuesta, especialmente biológica, cuando creen que están recibiendo o que recibirán un tratamiento eficaz. De este modo se categorizan los sujetos en no-resilientes y pro-resilientes, y se observa que a mayor actividad cognitiva y a mayor capacidad intelectual aumenta la resiliencia, no sólo emocional sino también de las neuronas. El sujeto con mayores conocimientos y mayor capacidad intelectual puede procesar y elaborar más eficazmente los contratiempos. Estudiando el dolor, el grupo del Dr Zubieta (Wager TD, 2007) ha visto que existe una auténtica respuesta neuroquímica al tratamiento placebo. Esta consiste en la liberación de opioides endógenos y liberación de dopamina. Las influencias cognitivas, pensamientos y creencias, emociones, género sexual, hormonas y genética, todos juegan un papel en como las personas responden al efecto placebo.

Medicinas bioenergéticas

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