La Naturaleza se manifiesta induciendo cambios en su propio seno. En un interminable proceso evolutivo, los diferentes reinos de la Naturaleza se dan la mano en una secuencia progresiva de refinamiento y desarrollo. Nuestro organismo resuena con los reinos mineral, vegetal y animal, especialmente en su zona infradiafragmática. El reino mineral, es manejado por las glándulas suprarrenales que metabolizan el agua y los minerales. La tierra diluida en esa sopa primigenia de vida que actualmente habita en los tejidos en forma de matriz extracelular, ese tercer sistema que recrea las condiciones del agua de mar en el seno de la materia viva. Somos esencialmente agua en un 70%, en la que es posible observar los minerales disueltos que nos componen, y permiten la función de nuestros tejidos cobrando vida en ellos. El sodio, el potasio y el cloro forman sales en los líquidos corporales. El calcio y el fósforo conforman los huesos y dan firme soporte a la estructura corporal. El calcio, molécula esencial de vida, permite la neurotransmisión, el movimiento muscular y la estabilidad de la membrana citoplásmica, ese envoltorio principal de cada elemento vivo que nos compone.

Diversos minerales se encuentran en ácidos y bases. El cloro en el ácido clorhídrico del estómago. El hierro de nuestra hemoglobina nos hace extraterrestres ya que las condiciones que exige su formación no se encuentran en nuestro planeta. El yodo da lugar a las hormonas de la glándula tiroides. Y el flúor está presente en los huesos y en los dientes. Todos ellos, el calcio, el fósforo, el potasio, el sodio, y tanto otros constituyen representantes del reino mineral habitando en nosotros, cobrando vida a través de la generación de corrientes iónicas y cargas electromagnéticas que se traducen en una primera onda de inteligencia. Un cerebro mineral primigenio, punto de partida de miles de millones de años de evolución.

Piedras y minerales no escapan a las leyes inmutables de la vida. El desarrollo y el aprendizaje, el cambio permanente y la progresión no cesan en su caminar hacia nuevas y más altas metas que alcanzar. Un simple trozo de carbón, el grafito y el diamante comparten las  mismas moléculas de carbono, que en un lento proceso de ordenamiento van produciendo un espectro evolutivamente creciente de transparencia, orden y consciencia. Y cuando alcanzan y rebasan su propio límite aparece el reino vegetal, la reproducción y la energía vegetativa que más adelante será incorporada en la zona reproductiva animal. La sagrada región del sacro y la caverna uterina de la vida, el milagro del hijo, el misterio de una primera fusión de la que brotan la sangre y la carne. La materia fecundada a través de la danza nupcial y el ritual del amor.

El reino vegetal, trascendiendo el mineral, se muestra pleno de sensibilidad e inteligencia, pero no necesita todavía una estructura orgánica superior para mostrarse en todo su esplendor. Es el reino animal y la necesidad de anticipar el movimiento lo que da lugar a un primer cerebro infradiafragmático. El plexo solar, lugar de fusión de los tres primeros reinos de la Naturaleza, primera gran síntesis evolutiva. Cuando a la flor le salen alas y en su inspiración se eleva al cielo y se transforma en mariposa. Cuando la raíz sacude sus ansias de movimiento y se libera de la tierra. Y surge el milagro del movimiento. Aparecen las bandadas de aves y las manadas cruzan al galope la pradera. El instinto de supervivencia. Una siembra del germen de libertad. Y con ella las emociones, la ira, la autoafirmación. El amor y el temor y la primera clave de conquista de la paz.

Con el cerebro nace el pensamiento como una interiorización del movimiento. Y de ahí la acción, la exteriorización del pensamiento y esencia del movimiento, encarnación del espíritu ahora ya no en la materia, sino en la emoción. Se configura la red de reflejos elementales y la respuesta autonómica vegetativa. Y luego emocional y finalmente cognitiva, en pos de la compasión y la espiritualidad. Conforme se añaden nuevas funciones nos acercamos al reino humano. La aparición de la fuerza del amor, ubicada al otro lado del diafragma, sobre el corazón. El emperador que siembra la semilla de nuestro ser, el gran sol interior, el abrazo con la glándula tímica, fuente del autoreconocimiento y la compatibilidad con nosotros mismos. Y aparece la cognición como gran motor y fuerza de avance de la corriente adaptativa del hombre. Como el árbol que se pliega y adapta su forma a la fuerza del viento, así la estructura arbórea y dendrítica neuronal permite la supervivencia sobre la tierra. La adaptación como herramienta maestra. El fluir del agua por el arroyo sin obstáculo ni piedra que suponga limitación.

Los reinos mineral, vegetal y animal en la región infradiafragmática aportan los cimientos de la emoción, la cognición, la espiritualidad y el amor. Y la aparición de nuevas estructuras de regulación y modulación, en busca de nuevos e ignotos territorios que conquistar.

Ejercicio:

Por favor, ponte cómodo-a. Quítate los zapatos, aflójate el cinturón, quítate el reloj u otras prendas que te aprieten. Si puedes túmbate sobre una superficie dura, el suelo puede estar bien, sobre una alfombra o una toalla. En una silla cómoda, una butaca o sobre la cama también está bien.

– Cierra los ojos. Presta atención a tu respiración. No intentes modificarla. Solo hazte consciente de cómo el aire entra y sale por la nariz. El pequeño masaje que hace sobre las fosas nasales. La diferencia de temperatura del aire que entra y el que sale.

Si sabes hacerlo deja que sea tu abdomen el que se mueva y respire, mejor que el tórax.

– Tras unos minutos lleva tu atención suavemente a los pies. Siéntelos. Cuando lo hayas hecho sube muy despacio y disfrutando el ejercicio por las piernas, los muslos, las caderas, la tripa, el pecho, la espalda, las manos, los brazos, los hombros, el cuello y la cabeza. Al final trata de sentir el cuerpo de una sola pieza.

– Ahora concéntrate en cuál es el ambiente emocional que brota de tu cuerpo físico. No intentes cambiar nada. Da igual que haya serenidad y paz o ansiedad y preocupación. Solo observa. Reconoce el oleaje emocional de este momento y hazlo consciente en tu interior.

-Finalmente traslada tu atención suavemente a tus pensamientos. Obsérvalos desde lejos, como si no fueran tuyos. Míralos evolucionar, cómo vienen y cómo se van. No intentes controlarlos. Solo obsérvalos, como un mero espectador.

– Para salir de este estado hazlo lentamente, dirigiendo la atención nuevamente a los pies, las manos y la cabeza. Muévelos lentamente y abre despacio los ojos.

Este simple ejercicio posee una fuerte carga de integración. El scanning corporal permite sentir las sensaciones de consciencia corporal, relajación y paz que brotan del tronco del encéfalo, la parte más antigua del cerebro. Detectamos el ambiente emocional que habita en nuestro interior a través del sistema límbico. Y enfocamos luego sobre nuestro mundo mental a través del cortex cerebral, el punto culminante de la evolución humana.

Nuevamente, como hicimos con el ejemplo de la mano, a través de la herramienta de nuestra intención-atención, hemos usado diferente áreas de nuestro cerebro, los reinos mineral, vegetal y animal representados en él. Y si repetimos la experiencia suficientes veces iniciaremos un proceso de cambio de nuestra estructura cerebral a través del proceso de plasticidad neuronal que permite generar nuevas conexiones. Y con ellas la aparición de nuevas capacidades. Y la conquista de nuevos territorios, a la espera de ser descubiertos por un renovado ser posthumano, latente ya hoy en nuestro seno.

 continuará …….