Dr. Tomás Álvaro. Médico y psicólogo

Vivir el embarazo tranquila y darle todo nuestro amor una vez haya nacido, favorecerá la salud del bebé, pero sobre todo, lo hará crecer seguro de sí mismo.

Desde niño, toda persona tiene la necesidad primaria de ser cuidada y de sentirse segura par poder desarrollarse completamente como ser humano. Esta es la idea sobre la que se fundamenta la teoría del apego propuesta por el psicoanalista inglés John Bowlby, en la que la principal figura de apego suele ser la madre, aunque también podría ser otra persona que satisfaga las necesidades primarias y de nutrición emocional del bebé. Numerosos estudios han demostrado la relación que existe entre el tipo de sistema de apego adquirido (más o menos seguro) con la capacidad de adaptación del bebé, más adelante del niño ya crecido y finalmente del adulto inmerso en su sistema relacional a las situaciones de estrés. Y es que el tipo de conexiones neuronales creadas servirán de infraestructura al comportamiento interactivo, determinando la manera en la que tanto el niño como el adulto manejará la ansiedad, la seguridad, el dolor emocional, la flexibilidad, la tolerancia y las dificultades en la relación de pareja, entre oras muchas situaciones habituales.

Según Bowlby y una extensa corriente de investigación posterior, el tipo de vínculo que define dicho patrón de comportamiento va a depender de la sensibilidad, la empatía y la capacidad de respuesta del adulto a las necesidades del bebé, ya que son en esos primeros meses de vida en los que se constituyen los patrones de conducta, que operan fuera de la conciencia y determinan el tipo de relación de la persona con el entorno y con los demás. Esa base de seguridad, cuidado y equilibrio sobre la que se sustenta el comportamiento de la persona se adquiere a través de la figura de apego desde el nacimiento y, probablemente, incluso desde el mismo momento en el que se produce la concepción.

CREANDO PATRONES

La teoría del apego no solo explica la construcción de vías y conexiones a nivel cerebral, sino que también hace referencia al modo en el que logra modular el sistema inmune, el endocrino y el nervioso, convirtiéndose así en el patrón de funcionamiento fisiológico del cuerpo. Por otro lado, destaca el hecho de que la propia regulación corporal y su funcionamiento han de ser proveídas por la madre -u otra figura de apego- para que el bebé las pueda incorporar como suyas, y pone el énfasis en que este tipo de patrones se constituyen como formas inconscientes de conocimiento y de relación. Asimismo, esta teoría establece que la experiencia moldea el cuerpo al mismo tiempo que la mente, y las emociones que la acompañan forma el elemento organizador de la percepción, la conducta y el modo de relacionarse con los demás, hasta en la vida adulta, mediante el llamado sistema de apego del adulto que hunde sus raíces en el vínculo de apego materno-infantil.

RESPUESTAS CÁLIDAS

Con esta teoría queda demostrado que el sistema de regulación afectiva procede de la respuesta empática recibida de la madre, y afecta a la mente, al cuerpo y a las relaciones. Para numerosos investigadores, la relación madre-hijo es tan importante que interviene en cualquier tipo de trastorno o desequilibrio emocional que tenga la persona a lo largo de su vida, y por esa razón es de gran ayuda tenerlo en cuenta en toda terapia. Nils Bergman, un experto en neurociencia perinatal, mantiene que los primeros días de vida, e incluso los mil primeros minutos tras el parto, son capaces de determinar el resto de la existencia de la persona. En sus investigaciones ha encontrado que justo en ese momento, un estrecho contacto físico entre el bebé y su madre es capaz de decidir si en el recién nacido se activa la vía de la seguridad y del amor, gracias a la segregación de la hormona del placer (oxitocina), o bien se pone en marcha la inseguridad y el temor, a tra´ves de la respuesta de estrés que se sustenta en el cortisol.

Por su parte, los psicólogos transpersonales -aquellos que aúnan la parte mental y espiritual de las personas- van más allá. Para ellos la duración y el tipo de parto constituyen las conocidas como matrices básicas perinatales, las cuales imprimirán carácter a la persona para el resto de sus días. Así pues, que el bebé nazca de forma natural o por cesárea, que se intervenga o no en el trabajo de parto, que se realicen maniobras obstétricas, así como la presión que ejerzan las paredes del útero sobre el bebé que trata de encontrar la salida en un espacio cerrado, de qué manera avance por el canal del parto y cómo se produzca su salida a la luz, influirán en el desarrollo psicológico y emocional de la persona. Y es que su capacidad de lucha y superación, la consecución de logros como premio al esfuerzo, la luz al final del túnel, son improntas grabadas a fuego, calor y sangre no solo en el cerebro, sino también en los tejidos de todo el cuerpo. Es una experiencia sin palabras que determina el carácter y la capacidad de adaptación del nuevo ser humano.

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