Tomás Álvaro Naranjo. Médico y psicólogo.

7. Trasplante de corazón: ¿un trasplante de memorias?

Una niña sueña con el asesino de su donante y ayuda a la policía a su identificación y captura … una mujer empieza a interesarse en el sexo tras recibir el corazón de una prostituta … un repentino cambio de interés de la música clásica al rock duro tras recibir el corazón de un rockero … un cambio de dieta a los gustos de donante … un cambio violento de carácter tras recibir el corazón de un pandillero agresivo … la aparición de sueños aterradores tras recibir el corazón de un suicida … una lesbiana carnívora quese casa con un hombre y se hace vegetariana tras su trasplante procedente de una vegetariana heterosexual … la adquisición de habilidades pictóricas tras recibir el corazón de un pintor … una bailarina adopta andares de hombre y nuevas relaciones interpersonales al estilo de su donante … un niño cambia repentinamente su gusto por nadar al recibir el corazón de una niña ahogada … y así muchos cientos de casos.

Hace ya cuarenta años que historias como estas se repiten una tras otra en pacientes trasplantados. La aparición de nuevas preferencias, gustos, habilidades, aversiones y actitudes propias del donante y desconocidas antes en el receptor ha dado lugar a la sugerencia de que el órgano trasplantado pudiera contener memorias codificadas procedentes del donante que puedan liberarse en el receptor. Paul Pearsall es un psiconeuroinmunológo fallecido recientemente que se hizo famoso tras publicar, entre muchos otros, un libro titulado El código del corazón. Allí expuso sus investigaciones sobre la transferencia de memoria del donante al receptor a través de órganos trasplantados, especialmente el corazón. La conclusión de su estudio no pudo ser más sorprendente: las células de los tejidos vivos trasplantados almacenan memoria y guardan la capacidad de recordar. Según el Dr. Pearsall nuestro cerebro piensa tanto que no escuchamos la sabiduría de nuestro corazón. Gary Schwartz y Linda Russek, autores de otro libro, La energía viviente del universo, están convencidos de que los sistemas corporales almacenan energía e información que puede liberarse de manera consciente o inconsciente en el receptor de órganos trasplantados. Bruce Lipton, autor de Biología de las creencias, afirma que las células poseen receptores capaces de captar información del exterior en forma de radiación electromagnética, algo parecido a lo que hacemos al conectarnos a Internet y bajar información a nuestro ordenador. Numerosos científicos de renombre, escritos, películas y documentales aportan información y datos acerca de la extraña posibilidad de que cada célula del organismo sea capaz de almacenar memoria y recordarla.

El ser humano representa la encarnación del tiempo pasado y la historia vivida. Ya hemos visto como la energía y la información generadas reposan en el seno de la materia celular. La callada vibración de la memoria espera paciente la llamada de la consciencia que la haga emerger. Ontogenia y filogenia, la historia personal y ancestral, se acumulan en el estado de receptores de membrana celular y la configuración genética nuclear. La carga bioeléctrica y bioplásmica celular es la base de datos bioinformática que sostiene los patrones comprimidos en la memoria celular. Es como si los receptores de algunos trasplantes, especialmente sensibles, fueran capaces de conectar con algunos aspectos de la historia personal de sus respectivos donantes, de sintonizar con la información almacenada en la matriz extracelular etérica de los tejidos trasplantados.

El corazón puede vivir sin el cerebro, pero el cerebro no puede vivir sin el corazón. Y con el corazón se trasplanta su  propio pequeño cerebro, que determinará el funcionamiento del gran cerebro del receptor. El fuego del corazón desprende chispas de alegría, por eso un trasplante es una transfusión de vida a nivel energético, magnético y emocional. Si el corazón es capaz de pensar, sentir y recordar ¿será verdad que puede también almacenar memorias e incluso trasmitirlas. Gary Schwartz y Linda Russek han sugerido que cuando se da el proceso de rechazo, quizás no sea únicamente a los aspectos energéticos e informacionales almacenados en las células del órgano trasplantado. Hemos visto como  la energía y la carga informativa que transporta, pueden ser transmitidas electromagnéticamente. El corazón del donante puede enviar dicha información al cerebro del receptor. Y esa información no es otra cosa que la memoria celular almacenada en el. Energía, información, memoria y consciencia … y ¡ya tenemos la ecuación!

Algunos pacientes trasplantados con la suficiente sensibilidad pueden experimentar cambios personales que se encuentran registrados en la historia de sus donantes. Si bien eso ha sido especialmente estudiado y registrado en pacientes con trasplantes de corazón, lo cierto es que también parece encontrarse en trasplantes de órganos periféricos como riñón, hígado y hasta la córnea. Los estudios sistemáticos realizados sobre trasplantados de corazón encuentran una media de entre dos y cinco de dichos cambios, referidos a gustos alimentarios, música, arte, conducta sexual, recreacional y preferencias profesionales.

Pongamos un poco en orden lo dicho hasta aquí, quizás todavía podamos avanzar un poco más. Todas las células tienen energía y todas contienen y comparten información. Cada célula, bañada en un mar de infoenergía, es una representación holográfica completa de nuestro organismo energético. El corazón es su principal generador y estación central de recogida y emisión de memoria celular. Nuestros órganos y nosotros mismos, no somos otra cosa que la representación física, encarnada, de un conjunto recuperado de memorias celulares. Si algunos individuos pueden sintonizar con esta información de manera espontánea, sin pretenderlo, y hacerla consciente, es muy posible que muchos más puedan ser capaces de hacerlo desde una actitud receptiva y abierta, y más aún si intentan conseguirlo activamente. O incluso sin trasplante! Tú, querido -a lector- a, cada uno de nosotros, sin necesidad de haber recibido un trasplante de corazón, recuperamos cada día nuestras propias memorias celulares. Cuando somos amados recibimos un trasplante de nuestro corazón. Al decir “te doy mi corazón” compartimos una impresión infoenergética, un patrón sutil almacenado en nuestras células correspondiente al mapa del amor que quizás se extienda mucho más allá de la metáfora.

Las plantas, los árboles, los animales y los humanos, todos comparten un sistema básico de funcionamiento celular, un funcionamiento energético que sirve de base a la información que acoge la memoria que determina la conciencia celular. En los centros especializados, la información del cerebro es más individual, mientras que la del corazón, la memoria celular de todo el organismo, constituye una representación más universal y arquetípica. Las memorias celulares tienen lugar en un nivel cuántico, no local, y el fenómeno postrasplante podría ser considerado como una especie de reencarnación, esto es, la transferencia de memorias y personalidad de un individuo a otro, posible incluso sin la necesidad de un intercambio de tejidos.

8. Intuición

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