Es necesario destacar la importancia de una dieta antiinflamatoria en la
prevención y el tratamiento de numerosas enfermedades, incluyendo el cáncer.
La dieta occidental, rica en azúcares y harinas refinadas, productos lácteos y
grasas saturadas muestra un marcado carácter pro inflamatorio. Numerosas
enfermedades, algunas tan banales como el acné, ponen de manifiesto la relación
evidente entre la dieta occidental y la inflamación. Presente en el 90% de
adolescentes del mundo occidental, el acné es desconocido entre grupos tribales
cuya dieta no incluye azúcar ni harina blanca. El efecto pro inflamatorio de
azúcares, harinas refinadas y arroz blanco a través de su rápido efecto sobre la
insulina-IGF, deben ser sustituidos por otros alimentos con efecto
antiinflamatorio. Además será preciso equilibrar el consumo de ácidos grasos
omega 3/6, aceites vegetales, grasas trans y grasas animales y disminuir la
ingesta de sustancias tóxicas y contaminantes. En la actualidad, después del
tabaco, la obesidad es el segundo factor de riesgo de padecer cáncer. Obesidad y
cáncer comparten un mismo origen, que es su mecanismo inflamatorio.