De los tres reinos a los tres cerebros .- Tomás Álvaro Naranjo

¿Para qué nos sirve todo esto? ¿Cuál es la utilidad de conocer el mecanismo?

Obviamente se trata de crear herramientas que permitan obtener el rendimiento deseado al servicio de la persona. El conocimiento, la ciencia y la tradición han ido desarrollando múltiples estrategias dirigidas a entrenar de forma específica cada área del cerebro trino, así como y sobre todo, ejercicios de integración de todas las áreas. Innumerables ejercicios naturales de consciencia corporal, respiración, relajación, meditación y muchos otros que no precisan dispositivos externos ni medicamentos, permiten  entrenar y desarrollar las capacidades de integración. Y como prueba un botón.

 

 

La coherencia cardíaca

Póngase cómodo y empiece tomando contacto con su cuerpo. Sienta sus pies, el contacto de la silla o la ropa encima de la piel. Ahora preste atención al estado emocional que emerge de su cuerpo físico y reconozca cuál es el estado de sus sentimientos en este preciso momento. Preste atención a la zona del pecho sobre el área del corazón e imagine que puede respirar directamente a través de esa zona. Respire centrándose en su propio corazón: cada vez que inhale, atraiga sentimientos de calma interior; con cada espiración, desde el corazón infunda equilibrio y cuidado a sus emociones y pensamientos. Pasados unos minutos, reafirme con un compromiso del corazón el estado de calma en que se encuentra.

Se sorprendería al comprobar en un monitor de qué forma ha ido variando su frecuencia cardíaca al practicar el ejercicio, así como el mensaje que su corazón envía a todo el organismo, y muy en particular a su cerebro. Este diálogo entre corazón y cerebro se conoce como «coherencia cardíaca».   La variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC) es muy sensible a los cambios de estado emocional. La ira, la frustración o la ansiedad se acompañan de ritmos cardíacos desordenados que indican una escasa sincronización entre las ramas simpática y parasimpática del sistema nervioso y pueden reconocerse en un monitor. Por el contrario, enfocar la atención sobre el corazón y generar emociones positivas como agradecimiento o amor hace que la VFC sea más ordenada y coherente.

 

 

Este ejercicio, de Coherencia cardíaca, es un ejercicio de integración fundamentalmente entre el tallo cerebral a través de la respiración abdominal y el sistema límbico a través de la consciencia corporal y el trabajo con las emociones.

Algo parecido podemos trabajar con pranayamas o con ejercicios de meditación, más dirigidos al campo mental, o bien a través de asanas o actividades físicas diversas como Feldenkrais o el Sistema Rio Abierto. Propuestas diversas con metodologías muy diferentes que sin embargo comparten como mínimo denominador común un trabajo consciente a nivel corporal, el uso de la respiración, frecuentemente la incorporación del mundo emocional y mental a la práctica, y como resultados el de la integración cuerpo-emociones-mente que se verá reflejado en la sensación de calma y paz, equilibrio emocional y claridad mental que caracterizan el tipo de pensamiento integrado.

Para acabar, un recordatorio de los fantasmas atrapados en el sótano. El sistema límbico recoge permanentemente los traumas grandes y pequeños, cotidianos o excepcionales, que la vida nos da. Son los cortocircuitos emocionales, conscientes o no, que determinan nuestros niveles de reactividad y manejo de emociones e intelecto, cuyo exponente máximo viene determinado por el síndrome de estrés postraumático. La constatación de que la experiencia posee la capacidad de cambiar la estructura del cerebro a través del ejercicio de la integración adquiere su máximo exponente en la terapia psicológica actual. Las experiencias emocionalmente impactantes que no han sido digeridas, bien sea porque el cerebro que las vivió no estaba lo suficientemente maduro, bien porque el shock emocional fue de gran intensidad, quedan atrapadas bajo la alfombra del cerebro emocional. Los mecanismos de seguridad de los que dispone nuestro hardware incluyen la anulación de las vías neurales que permiten al córtex del cerebro intelectual leer y sentir el dolor y el sufrimiento procedentes de los pisos más bajos subcorticales. Una familia desestructurada, la separación de los padres, la incomprensión de los iguales en los primeros años de colegio, la primera regla, la intervención de las amígdalas, la depresión de la madre, el frío emocional familiar… traumas no resueltos, todos ellos quedarán clavados en la amígdala, el hipocampo, el hipotálamo y todas aquellas estructuras impactadas por el shock emocional, agudo o continuado. Décadas después el recuerdo emocional inconsciente se sobrescribe en el acto habitual cotidiano. Las dificultades en las relaciones personales, la falta de consciencia corporal, una sexualidad gris, el alejamiento familiar… pondrán de manifiesto un mecanismo de seguridad que fue eficaz en su día, pero que si no se corrige supondrá un alto  precio a pagar. El ejecutivo o el profesional de éxito, el empresario que consiguió completar todas las metas de éxito económico y social, esconden con frecuencia una dedicación plena al mundo de la voluntad, la exigencia, la responsabilidad y el intelecto, habitantes todos ellos de la capa cortical. A la espera permanece la integración emocional, esa que algunas técnicas de psicología energética son capaces de reconquistar. Pero esto ya es harina de otro costal.