LOS PILARES DE LA TÉCNICA

El ejercicio propuesto por Childre reúne los tres componentes de la técnica:

1) La respiración. Esta debe ser diafragmática o abdominal, el tipo de respiración con capacidad de poner en marcha una respuesta de relajación y paz, en contraste con una respiración predominantemente torácica, más superficial y emocional. Se requiere una inspiración prolongada y suave, seguida de una espiración pasiva, muy suave y lenta, con una pausa entre las dos.

2) La consciencia corporal. Despertar a la sensación corporal y conectar con ella aumenta el grado de coherencia cardiaca, especialmente si la zona elegida es el corazón o la zona torácica.

3) Una emoción positiva. Puede ser un recuerdo agradable, una emoción de alegría, cariño o serenidad, o tal vez de agradecimiento o amor. El corazón es absolutamente receptivo a las emociones: las negativas alteran al instante su  patrón de funcionamiento, mientras que las emociones positivas son capaces de aumenta ipso facto el grado de coherencia cardiaca.

LAS APLICACIONES MÉDICAS

Un grado bajo de coherencia cardiaca produce numerosos cambios en el organismo, incluyendo deterioro de la capacidad cognitiva e incremento del riesgo de demencia y Alzheimer. Existe un vínculo entre desórdenes afectivos como ansiedad o depresión y la enfermedad cardiovascular. Y el aislamiento social no solo induce cambios de comportamiento, sino también cardiacos y del sistema nervioso autónomo.

El funcionamiento cerebral, la atención, la percepción, la memoria y hasta la capacidad de problemas oscilan de la mano del grado de coherencia cardiaco. Diferentes patrones de actividad cardiaca tienen efectos sobre la función emocional y cognitiva cerebral. Cuando imperan el estrés y las emociones negativas, el patrón del ritmo cardiaco se desordena y con él se pierde el grado de coherencia. Entonces su señal sobre el cerebro inhibe la función cognitiva: limita la capacidad de pensar con claridad, recordar, aprender, razonar o decidir, al tiempo que se favorecen los actos impulsivos e imprudentes que se toman bajo el efecto del estrés, la ansiedad o la agresividad.

Estas y otras funciones han propiciado la aplicación clínica de la técnica en multitud de situaciones y patologías. Desde disautonomías como la hipertensión arterial, la migraña, la fibromialgia, el dolor crónico o la depresión, hasta su aprendizaje por ejecutivos y deportistas de élite. Desde apaciguar la violencia doméstica o la reducción del estrés hasta el incremento de la aptitud lectora o el resolución matemática en edad escolar. Desde la mora de habilidades interpersonales hasta su papel en el tratamiento de la diabetes o de enfermedades autoinmunes.

LA CONEXIÓN ESPIRITUAL

En esas y muchas otras situaciones, los patrones cardiacos estables y coherentes facilitan la función cognitiva y refuerzan los sentimientos positivos y la estabilidad emocional. El patrón de ritmo cardiaco afecta así a la percepción, el pensamiento, el sentimiento y la función mental elevada. Constituye por tanto un puente de enlace hacia la consciencia y la espiritualidad.