Llevar la atención al corazón, la respiración y la emoción que se siente incide en todo el organismo a través de la variabilidad de la frecuencia cardiaca.

 

Un vórtice de energía

El corazón, el oscilador maestro del organismo, late más de 100.000 veces al día e impulsa más de 400 litros de sangre por hora sobre una red vascular de miles de kilómetros. Su fuerza eléctrica es 60 veces más poderosa que la del cerebro, y su potencia magnética, 5.000 veces mayor, puede medirse a más de 5 metros.

 

El corazón es un sistema inteligente, un campo emisor de energía e información. Dispone de 50.000 neuronas que le otorgan la capacidad de procesar información y tomar decisiones, así como mostrar aprendizaje y memoria. La técnica de “coherencia cardiaca” permite regular el patrón de información que genera el corazón y transmitir el mensaje armónico a todo el sistema, influyendo sobre el tallo cerebral y los automatismos vitales cerebrales del resto de órganos. Es así como el corazón gobierna el flujo de energía e información de todo el organismo. Le invitamos poner en práctica esa capacidad.

 

EL CORAZÓN COMO GUÍA

Una respiración rítmica armoniza el sistema nervioso autónomo (SNA), substrato neurofisiológico de los estados emocionales y afectivos. La génesis de emociones y pensamientos agradables conduce al equilibrio entre sus dos ramas -el sistema nervioso simpático y el parasimpático-, lo que promueve una función cardiaca armónica. La coherencia fisiológica, al favorecer la sincronía entre sistema simpático (SNS) y parasimpático (SNPS), aumenta el nivel de eficiencia energética del sistema y la estabilidad emocional y mejora la función cognitiva.

Cuando enfocamos la atención sobre la estructura física corporal, especialmente el corazón o la zona torácica, la función cardiaca se hace más ordenada y coherente. Por el contrario, la desconexión de la conciencia corporal altera ese equilibrio armónico y genera una disociación del estado fisiológico entre corazón y cerebro. Esto provoca una caída de potencia energética, inestabilidad emocional y escasa claridad mental, al desplazar su efecto sobre el tronco cerebral, el cerebro emocional y el córtex cerebral. Ese efecto prosigue en cascada a través de hormonas y neurotransmisores sobre cada órgano y tejido corporal.

La coherencia cardiaca facilita la función de la consciencia. Numerosos estudios muestran cómo el ritmo cardiaco no solo aporta eficiencia y armonía a todos los órganos, sino que disminuye el diálogo interno y la percepción de estrés, y aumenta el control emocional y el discernimiento intuitivo. Las emociones positivas mantenidas producen coherencia psicofisiológica y sincronización entre corazón y cerebro. Se asocian a mayor estabilidad emocional, mayor creatividad y capacidad para resolver problemas, armonía interna y sensación de conexión con otras personas y el Universo entero. Son momentos de lucidez e intuición, impregnados de sentimientos de amor, gratitud, compasión, tolerancia y perdón, que constituyen las claves de la espiritualidad y la consciencia.

EL INTERVALO ENTRE LATIDOS

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