DOS MANERAS DE AFRONTARLO

El dolor crónico se ancla en el cerebro y permanece inmune a todos los intentos científicos de fomentar el escape, la paliación y el uso de fármacos, reclamando de forma sutil resistencia, contemplación y autocontrol. Cuando rebasa el límite de tolerancia, ni siquiera una mente entrenada y poderosa suele ser capaz de contenerlo e integrarlo. Entonces solo queda intentar transformarlo. Porque el dolor no es incompatible con la alegría o con una actitud positiva. Hay dos grandes estrategias: procurar descomponerlo y alejarlo de la conciencia o recibirlo e intentar dominarlo. Con la primera, se pretende aislar el componente sensorial, convertirlo en un fenómeno objetivo que pueda ser contemplado, desproveerlo de su carga emocional y transformarlo en una simple percepción. Con la segunda, se intenta aprender a vivir con él asumiendo actitudes positivas frente a la experiencia, sustituir idear erróneas negativas de desesperanza y abandonar conductas des adaptativas. Al adoptar un papel activo y mantener la “mirada de la fiera” sin pestañear, la persona empieza a vivir “como si” no tuviera dolor y, entonces, la experiencia disminuye o desaparece.

UN MAESTRO EXIGENTE

Si asumimos que el dolor no puede ser comprendido, esa misma falta de sentido se convierte, paradójicamente, en el sentido del dolor. Lejos de morbosos esquemas pasados de sufrimiento aparece un nuevo horizonte, más allá del dilema entre la lucha y la aceptación, que permite mantenerse firme y mirar cara a cara a la adversidad como una forma de llegar a ser plenamente humanos. Si no puedes resolverlo, deja que se disuelva. Se trata de una actitud de coraje: no huir, aceptar la vulnerabilidad como fortaleza y entregar cuerpo y alma en el empeño. Permanecer receptivo, dotar al sufrimiento de sentido y entregarse a la experiencia sin reservas, sin nada que ocultar, sin nada que temer. No intentar conseguir nada, no esperar nada, solo estar, permanecer y observar. Contemplar. Quizá esa pueda ser la forma de dotar de sentido al dolor, aceptarlo como maestro exigente que obliga a madurar el fruto de una auténtica transformación de la consciencia.

 

Dr. TOMÁS ÁLVARO

Médico y psicólogo. Especialista en el estudio del sistema inmunitario y en medicina energética y vibracional.