Fundamentos científicos de la dieta anticáncer – parte 2

Tomás Álvaro Naranjo.- Médico y psicólogo

Propósito dieta anticáncer:

Haciendo uso de la información previa, la prevención y el tratamiento ideal anticáncer  tienen que combinar varios de los puntos mencionados para que resulte efectivo. Los alimentos elegidos tendrán que disponer de la capacidad de disminuir la división de las células tumorales, reducir la inflamación, estimular el sistema inmune e inhibir la formación de estructuras vasculares. Esto es, una dieta protectora, antinflamatoria, antioxidante, inmunoestimulante y antiangiogénica.

Afortunadamente hoy conocemos con precisión qué alimentos tienen la capacidad de producir todos estos efectos, además de contribuir a generar un ambiente celular adverso al crecimiento del tumor. Es el concepto de nutracéuticos, es decir alimentos que tienen la propiedad de actuar como auténticas medicinas. Avancemos ya que el plato estándar de la dieta anticáncer contendrá muchas frutas, verduras y legumbres, con aceite de oliva, ajo, hierbas y especias, dejando los productos lácteos, la carne y los huevos como opcionales y nunca el ingrediente principal del plato. Se entiende por carne roja la que procede de los mamíferos y carne blanca la de las aves. Esa es una generalización con muchas excepciones, basada en la concentración de mioglobina de la carne. La comunidad científica considera que las carnes rojas incrementan el riesgo de sufrir diversos tipos de cáncer, y diferentes fuentes recomiendan desde moderar su consumo hasta eliminarla completamente de la dieta. Lo cierto es que en España hoy por hoy su consumo está 3 ó 4 veces por encima de las recomendaciones más moderadas (70 gr al día, lo que correspondería a una porción más pequeña que el tamaño de una baraja de cartas). La sustitución por proteínas más saludables como el pescado, el pollo, las legumbres y los frutos secos se acompaña de una disminución del riesgo de sufrir diabetes, enfermedad cardiovascular y cáncer.

En particular es preciso destacar el efecto antiproliferativo en la mayoría de las líneas celulares tumorales en condiciones de laboratorio que producen las crucíferas y el ajo. Los científicos han demostrado que la sensibilidad de cada tipo de tumor es específica y que los hay sensibles a muchos extractos vegetales, como el de próstata o el de estómago, y otros que presentan menor sensibilidad, como el de riñón. Lo importante es que esos datos empiezan a ser conocidos y su aplicación a la práctica clínica es hoy un hecho emergente pero real. Es inexcusable no tener en cuenta que la mayoría de los vegetales que componen la dieta occidental, como patatas, lechuga, tomate y zanahoria, tienen un escaso efecto sobre la proliferación celular. Aquellos que si demuestran dicho efecto, como verduras de hojas verde oscuro, crucíferas y ajo, apenas si constituyen un 1% del consumo vegetal en la dieta occidental.

 

Los expertos con opinión más autorizada del planeta, por ejemplo Dean Ornish de la Universidad de San Francisco (EEUU), insisten en la importancia de aumentar la calidad y disminuir la cantidad de nutrientes, indicando como forma más saludable de comer, poca o ninguna carne roja y disminuir la cantidad de alimentos procesados, incluyendo azúcares y harinas refinados. En cambio, basar la dieta en verduras y frutas, legumbres y soja, todo ello complementado con buenos niveles de ácidos grasos omega 3.

 

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